martes, 9 de octubre de 2012

El Real Madrid C no puede con el líder Tenerife



A pesar de todos los aspectos positivos que podemos encontrar en los conjuntos de Real Madrid C y Tenerife, hay uno – no muy favorecedor, al menos en esto de fútbol – que ambos comparten y que sobresale por encima de todos. Un aspecto, el de la inocencia, que les hace vulnerables a unos por juventud y a los otros, uno cree que por presión, aunque aquí vamos a apuntar que sólo es por la responsabilidad de representar al Tenerife y, por tanto, todo lo que esto conlleva.
 
En definitiva, la inocencia mostrada tanto por el equipo filial como por el líder del grupo en la matinal del domingo en Valdebebas va hasta límites insospechados en lo que representa a los dos equipos enfrentados en la contienda. Y es que luego son este tipo de fallos y de aptitudes los que te dejan sin ascensos o te condenan al descenso de categoría, según se mire.
 
Dicho lo cual, reflejemos el partido, aunque avisando al lector que siempre deberá tener en cuenta esa inocencia tan llamativa a la que nos referimos.
 
Los visitantes, demostrando hechuras de líder y equipo muy grande desde el primer momento, se adelantaron rápido en el marcador en un inicio que pudo ser desastroso para el Real Madrid C pero que los de Díaz terminaron salvando gracias a dos paradas espectaculares, en boca de gol, tras sendos remates tinerfeños. No podría así el portero madridista evitar el tanto de Luismi Loro, tras centro servido desde la zurda y remate posterior del madrileño. Algo que demuestra que otra cosa no, pero el Tenerife pegada, tener tiene.
 
De ahí su primera posición. De ahí y de su potencial, claro está. Una potencia que a partir del gol relatado se fue desvaneciendo poco a poco, hasta convertirse en presión madridista, control del balón y ocasiones importantes, como la que Dani Ramírez acertó a encerrar en la jaula con cuarto de hora de juego, tras veloz contra local.
 
Una respuesta merengue que fue más allá de los minutos de descanso y que llegó – aunque sólo a ratos - hasta el final del partido, con oportunidades de sobra para, al menos, salvar un punto. Sobre todo a raíz de la entrada de Rubén Sobrino, que estuvo del todo acertado, como tampoco el propio Ramírez, en la ocasión más clara del choque, ni Aguza, mandando el balón al cielo cuando el partido ya expiraba.
 
Sí lo hizo Chechu Flores, el extremo del conjunto canario que cruzó el balón a Pachecho para poner por delante a los suyos apenas diez minutos después del refresco. Cuarenta después, todavía no habían enfriado los de Cervera un encuentro en el que el Castilla pudo haberse llevado un premio mayor pero en al que la inocencia del conjunto de Valdebebas no permitió arrebatarle algo más a un líder, aunque todavía poco hecho, más sólido que el filial.
 
elgoldemadriz.com

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