viernes, 28 de marzo de 2014

Limones, en la columna vertebral de un Cartagena que busca el ascenso


Antonio Jesús Regal, Antoñito, (Herrera, Sevilla, 1987) es el jugador más desequilibrante del Fútbol Club Cartagena. Junto al 'todocampista' Carlos David, el meta Limones y el goleador Fernando, el exterior derecho sevillano forma la columna vertebral de un equipo empeñado en hacer historia. Es el tercer jugador más utilizado por Tevenet y los únicos tres partidos que se ha perdido han sido por sanción. Es un artista entre obreros. Pone la calidad al servicio del equipo y sus entradas por la derecha son el principal argumento ofensivo del colectivo albinegro. A sus 26 años, está en el mejor momento de su carrera deportiva y sabe que, por fin, el tren del fútbol profesional está a punto de pasar. Quiere subirse a él.

- ¿Cómo es posible que usted no haya jugado nunca en Segunda, más allá de aquellos 20 minutos en Salamanca con el Poli Ejido cuando tenía 19 años?
- Será porque no lo he merecido. En el Poli Ejido jugué dos 'playoffs' de ascenso y nos eliminaron a la primera, una vez la Ponferradina y otra vez el Barça B. Yo me formé en la cantera del Málaga, pero mi físico nunca me acompañó. Había otros compañeros con el cuerpo mucho más desarrollado que yo y los entrenadores querían gente grande. Por eso, no apostaron por mí en los momentos decisivos. Mi pueblo está a una hora de Sevilla, Málaga, Córdoba, Granada y Jaén. Está a tiro de todos sitios, en un cruce de caminos. Al final, con 13 años, yo me decanté por ir a la zona de Málaga. Estuve en el Torremolinos, el Fuengirola, el San Andrés y el Puerto Malagueño. Pero, al final, fue el Poli Ejido el equipo que apostó por mí cuando yo tenía 18 años. Y allí no pudimos dar el salto a Segunda División.
 
- ¿Está haciendo en el Efesé la mejor temporada de su vida?
- Creo que sí. El año pasado también estuve muy bien en Écija. Lo bueno de estos dos últimos años es que estoy siendo regular y que en la segunda vuelta no he bajado el nivel. Los años anteriores siempre hacía buenas primeras vueltas, pero después de Navidad me venía abajo. No mantenía el nivel hasta junio.
 
- El pasado verano tuvo usted un montón de ofertas. ¿Por qué eligió la del Cartagena?
- Cuando te llama el Cartagena, no puedes pensártelo mucho. Es uno de los cuatro grandes de Segunda B. La exigencia en este tipo de clubes es mayor. Cuando estaba en el Melilla o en el Écija, jugar contra el Cartagena era para nosotros como jugar contra el Madrid. El del Cartagonova era para nosotros el partido del año. Y ahora que estoy aquí, lo estoy notando. En todos los campos nos esperan con ganas y los rivales lo dan todo contra nosotros. Es su partido del año. Cuando yo firmé aquí, buscaba mejorar mi nivel, dar un paso adelante en mi carrera y luchar por conseguir el ascenso.
 
- ¿Le han llamado ya para renovar su contrato? ¿Alguna llamada de otro club?
- No. Nadie me ha llamado. Ni tampoco me preocupa ahora. Soy muy feliz en Cartagena, aquí se vive muy bien y mi único objetivo es ascender a Segunda con el Cartagena y seguir aquí. Yo quiero seguir aquí. No me hago ilusiones con ninguna otra cosa. Solo me centro en trabajar cada día al máximo, mejorar y ayudar a mi equipo.
 
- Pero el domingo estuvo en el palco del Cartagonova el técnico del Numancia, Anquela. Es la segunda vez que viene a verlo. A usted y a otros compañeros suyos.
- Sinceramente, yo ahora no pienso en eso. Estoy cómodo en Cartagena. El otro día la gente me dio una ovación muy bonita cuando me cambiaron contra el Sevilla Atlético. Y con eso me quedo. Desde el primer día que pisé Cartagena, siempre he notado mucho el cariño de la gente. Y si los aficionados te aplauden es que algo bien estás haciendo. Mi ilusión es ascender con el Cartagena y quedarme aquí para jugar en Segunda con este club.

– Lleva usted 14 asistencias de gol. Y solo tres goles. Es evidente que le cuesta más marcar que pasar. ¿Por qué?
– De cara a portería me cuesta. Siempre me ha costado y nunca he pasado de 4 goles por temporada. Piso mucho el área y busco la mejor solución para el equipo. Me siento más cómodo pasando que rematando. La verdad es que siempre que entro en el área pienso mil cosas distintas. Y eso es un problema. Me cuesta meter goles porque se me nubla la cosa en el momento de definir. Lo reconozco. Tengo que mejorar.

– ¿Se siente más cómodo ahora, con el fútbol de toque y de combinaciones que propone Tevenet?
– Lo mejor que tiene nuestro equipo es que se adapta a todo tipo de juego. Al principio no se podía tocar mucho porque el césped del Cartagonova estaba muy mal. Buscábamos el fallo del rival y hacíamos daño al contragolpe. Y nos fue muy bien. Hicimos muchos puntos hasta enero con ese fútbol. Ahora, el míster ha metido en el equipo a De Lerma y Diego Segura, que son dos jugadores más de toque. Y estamos teniendo el control del juego, llegamos bastante al área del rival y jugamos mejor. Yo me siento cómodo jugando y lo que me importa es que el equipo gane. Está claro que si además lo hacemos bonito y el público disfruta, pues mejor todavía. Si nuestro juego es vistoso y elaborado, como el día del Córdoba, la gente disfruta mucho más en nuestro estadio.
– Desde la grada se ve claramente cómo sus compañeros le buscan para darle siempre la pelota. 

¿Nota esa confianza que tienen en usted?
– Noto la confianza del entrenador, porque siempre me pone. Y me siento cómodo jugando con mis compañeros. Intento dar lo mejor de mí, pero es algo que hacemos todos. Somos un equipo de Segunda B y aquí todos somos útiles. No hay estrellas. Somos un bloque muy unido. Hay un vestuario muy sano y, por eso, las cosas están funcionando.

- Pasan los días y siguen sin cobrar. ¿Está preocupado? ¿Nota nerviosismo en el vestuario?
– No. Para nada. Sé que esta semana vamos a cobrar y sé que la gente que ha entrado en el club es seria. Los nuevos dueños son gente buena y van a hacerle mucho bien al club. Todos llevamos tiempo en Segunda B y todos hemos estado en sitios en los que no han pagado. Yo, por ejemplo, estuve un año entero sin cobrar en el Poli Ejido. Todos sabemos cómo está el fútbol y vemos la crisis que existe en todo el país. Las cosas no están bien, no aparecen las soluciones y somos conscientes de que problemas hay en todos los sitios. Hasta ahora, el club se ha portado muy bien con nosotros y todo lo que Cristina [Bustillo] nos ha dicho se ha ido cumpliendo. Por eso, no estamos preocupados. Estamos centrados en lo deportivo y del tema institucional se habla muy por encima. Ha habido lío estos meses, pero no ha afectado en nada a lo deportivo. Esos temas los dejamos aparcados en el vestuario.

- Vaya partido les espera este domingo ante el Guadalajara.
– Es un partido bonito, de esos que gusta a jugar a cualquiera. Viene un rival que está detrás nuestra y que está exigido, ya que el Cádiz lo tiene a dos puntos y le está apretando bastante. Nosotros tenemos una gran oportunidad de dar un zarpazo encima de la mesa y certificar nuestra clasificación para la liguilla de ascenso.

- ¿Quién se juega más, el Cartagena o el Guadalajara?
– Ellos están más presionados. Les sacamos seis puntos. Pero también es verdad que nosotros no nos conformamos con ser terceros. Queremos ganar, ir sumando de tres en tres y esperar los fallos de Albacete y La Hoya. No hay nada imposible. Aún podemos pensar en el segundo y en el primer puesto. Aunque aseguremos el ‘playoff’, no vamos a parar. No podemos relajarnos, ya que nuestra obligación es mirar al primero y al segundo. Esa es la idea del vestuario.

- ¿Qué es lo peor del fútbol?
– Las lesiones. Siempre llegan en el momento más inoportuno. Después de los tres años en el Poli Ejido, en el Almería me conocían y me hicieron una oferta para jugar en su filial, en Segunda B. Tenía 23 años y decidí aceptar esa oferta e ir allí, con la idea de progresar y hacerme un hueco en el primer equipo. Era mi último tren para llegar a la élite. Sin embargo, me lesioné y el año en el Almería se me dio fatal. Venía de jugar 60 partidos en dos años en el Poli Ejido. Estaba bien. Pero me lesioné y ese fue un año perdido. Me quedé estancado, pero de todo se aprende. No surgió nada y decidí irme al Écija, donde tuve que empezar otra vez de cero.

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