sábado, 26 de noviembre de 2011

Raúl Galán, del CD Piedrabuena, cuelga las botas


El fútbol, por suerte, nos tiene acostumbrado a darnos más alegrías que penas, aunque el CD Puertollano empieza a ser casi una excepción en este sentido en las últimas fechas. Generalmente, hablar de fútbol en nuestra ciudad es hablar de éxitos deportivos. Pero también te deja momentos tristes. Y no siempre en forma de derrota. También pueden ser en forma de despedida o retirada de algún jugador que, por alguna u otra razón, ha supuesto una parte importante en la historia del club.
Llamativa, comentada y lamentada fueron las salidas, en los últimos años, del gran Manolo o del Káiser de la defensa, Richard. Dos pilares fundamentales en el vestuario azul en su época más gloriosa. Menos llamativa y comentada es la retirada de otros futbolistas que sin tener la oportunidad de defender la camiseta de un club, se vuelvan con el proyecto como si fueran titulares indiscutibles partido a partido. No acaparan portadas, no son reclamados casi a diario por los medios, pero con la humildad como traje de faena aportan tanto o más que los jugadores más "indiscutibles" que saltan a un terreno de juego a batirse el cobre con sus rivales.

Ese grupo de jugadores existen. La poca o mucha experiencia me ha demostrado que no en gran número, pero existen. Es ese grupo de jugadores que saltan a cada entrenamiento con el único objetivo de crecer y madurar como futbolistas, que intentan aprovechar cada minuto que tienen en un partido como si fuera su última oportunidad de demostrar que pueden ser de la partida. Ese grupo de jugadores que, además, tienen la virtud de asumir, con respetuosa resignación, la suplencia. Sin levantar la voz, sin querer desentonar, sin querer llamar la atención y buscando que se le juzgue por lo que aporta sobre el césped de un campo de fútbol. Algo totalmente injusto porque, generalmente, la falta de minutos les acaba sometiendo a una presión exagerada ante la mirada del espectador. Pero una vez que acaba el partido, nadie se acuerda de ellos, nadie sabe cual es su papel dentro del vestuario. En este momento, en el día a día, es donde entra a formar parte del universo del futbolista, la calidad humana de la persona y su grado de implicación y amor a unos colores.

En este mundo donde besarse el escudo o darse puñetazos contra el escudo del pecho otorga unas dosis añadidas de simpatía entre la afición, no entran los jugadores humildes, los que llegan sin hacer ruido y se marchan sin decir "esta boca es mía". Solo se resignan, se lamentan. Pero lo hacen en silencio. Tan solo una mirada nos descubre que ese futbolista está sufriendo. Pero solo le sacas eso, una mirada. Y a veces, no hace falta más.

En este grupo de personas incluyo a un futbolista que el pasado domingo jugaba su último partido. Se retiraba Raúl Galán. Puedo presumir, perdonen mi ego, de hablar con conocimiento de causa. En aquellos años de éxitos, en el que se aceptaban los halagos y las críticas constructivas con la misma humildad, tuvimos la oportunidad de compartir muchas horas de entrenamientos y partidos con jugadores y cuerpo técnico. Y ahí es donde uno realmente se da cuenta de la calidad humana que existe dentro de un vestuario. Analizando solamente los partidos, solo se capta la calidad deportiva, poco más créanme.

Y sí, el domingo decía adiós. Su último partido, La Solana-Piedrabuena. Dos equipos que han tenido la suerte de tener a Galán como jugador. En su despedida, los justos, su familia y poco más. Un nuevo gesto de no querer llamar la atención más de lo normal. Su retirada se debe, como él mismo señala, a "cuestiones laborales y personales". Trabajar a turnos y tener que desplazarte durante la semana desde Puertollano a Piedrabuena hace estragos. El cuerpo lo nota, y "antes que no estar aportando lo que se espera de mi, prefiero decirlo y dejarlo".- Otro gesto más.

Se retira agradecido, quedándose con dos temporadas por encima del resto. Las dos temporadas que le han dicho disfrutar como futbolista, pero sobre todo como persona: la del ascenso a 2ª B (donde se consiguió además la segunda Copa Federación para el club) y la temporada pasada, defendiendo los colores del Puertollano B. Su capacidad para defender el escudo de un equipo, sea en la división que sea y sea en el primer equipo o en el filial, deja claro que es "un jugador de club". De esos que ya no quedan.

Aunque ha pasado por momentos tristes, prefiere recordar los buenos, que son muchos. Preguntado por los entrenadores con los que más ha aprendido, Galán es sincero, con Pedro Sánchez de la Nieta y con Ángel Zamora. Con el primero no tuvo demasiados minutos, pero a pesar de ello, no guarda rencor. "Me parece un gran entrenador" reconoce. Con el segundo se deshace en elogios y manda un mensaje claro: "Ángel Zamora fue, para mí, un descubrimiento, creo que es un técnico al que habría que darle más oportunidades y tratarlo de otra manera". "Tanto a nivel de motivación, como técnico y táctico es muy bueno" añade. Sobran las palabras porque sabe de lo que habla. Pero es de la casa.- y ya se sabe.-

Reconozco que ante este tipo de jugadores yo me quito el sombrero. Si quieren, táchenme de subjetivo. Pero siento verdadera debilidad por este tipo de jugadores, que son los que me hacen creer que el mundo del fútbol tiene algo que más allá de lo meramente económico y de que los futbolistas sean "aves de paso".

Pudiera decir que fue mi ojito derecho. Y me costó más de una crítica. Sobre todo cuando tuve que salir en su defensa tras un partido donde el Puertollano encajó un gol por error (humano) de Torrente (querido y admirado por la afición, pero de los que se besaban el escudo con frecuencia) y la mirada del guardameta pidió la cabeza de Raúl Galán, haciendo que la masa social culpara al central de algo que no fue culpa suya. Me dolió la cabeza y me costó más de una crítica, pero ¿saben? Estoy orgulloso de ello. No me arrepiento. Solo traté de hacer justicia aunque nadie me pidió ser abogado defensor de la causa imputada.

Buen profesional y mejor persona. Y para mí una demostración de que se puede ser el mejor futbolista dentro de un vestuario sin necesidad de saltar al terreno de juego ante la mirada y el dedo acusador del aficionado. Tendrá suerte, porque la vida siempre guarda cosas buenas para las personas que se lo merecen. Y Raúl es una de ellas. Comienza una nueva etapa en su vida. Lejos de los terrenos, pero a lo mejor pegado a la banda dando instrucciones o lejos de los estadios. Pero se merece que le vaya bien, y así se lo deseo. Suerte Raúl.

lacomarcadepuertollano.com

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